03 septiembre, 2026

Destruir libros para entrenar una IA

 

Fotografía: Chepko; Getty Images

Un reportaje de The Washington Post reveló los detalles de “Project Panama”, una iniciativa secreta de Anthropic para recopilar y digitalizar millones de libros con el objetivo de mejorar Claude, su modelo de inteligencia artificial. Según documentos judiciales desclasificados, la empresa gastó decenas de millones de dólares en comprar libros usados, cortarles el lomo, escanear sus páginas y enviar los ejemplares desmantelados al reciclaje.

La operación pretendía crear una enorme biblioteca digital para proporcionar a Claude textos de mayor calidad y ayudarlo a comprender mejor el lenguaje, la narrativa y los estilos de escritura. En los documentos internos, el proyecto se describía como un esfuerzo por “escanear destructivamente todos los libros del mundo”; además, se indicaba que la empresa prefería mantenerlo en secreto. Para acelerar el proceso, proveedores externos retiraban las encuadernaciones con maquinaria industrial, escaneaban las páginas y enviaban los restos de papel al reciclaje.

Concretamente, el proceso utilizaba una máquina de corte hidráulica para cortar con precisión los millones de libros que recibía de los vendedores de libros usados, y luego escaneaba sus páginas con escáneres de alta velocidad y calidad profesional. Después, se contrataba a una empresa de reciclaje para recuperar los volúmenes desmembrados, porque "no había que desperdiciar nada".

El caso forma parte de una disputa más amplia entre las compañías de inteligencia artificial y los autores. OpenAI, Anthropic y Meta han sido cuestionadas por el uso de obras protegidas por derechos de autor para entrenar sus modelos. En el caso de Meta, los autores alegan que la empresa reunió grandes colecciones de libros sin autorización para desarrollar sus sistemas de IA; OpenAI también ha sido vinculada al uso de bibliotecas digitales no autorizadas.

La controversia tiene dos dimensiones. Por un lado, está la transformación técnica de los libros en datos para entrenar un modelo. Por otro lado, está la forma en que las empresas obtuvieron esas obras: mediante compras legales, copias no autorizadas o repositorios piratas. Un tribunal estadounidense consideró que entrenar Claude con libros comprados legalmente podía constituir un uso transformador, pero eso no significa que cualquier material obtenido ilegalmente quede automáticamente protegido.

Anthropic aceptó pagar 1.500 millones de dólares para resolver una parte de la disputa relacionada con libros obtenidos de forma ilícita. El acuerdo y la revelación de los documentos han intensificado el debate sobre quién debe beneficiarse del conocimiento utilizado para entrenar la inteligencia artificial: las empresas tecnológicas, los autores, las editoriales o la sociedad en su conjunto.

El caso de Claude, junto con las controversias que afectan a OpenAI y Meta, muestra que el desarrollo de sistemas de IA no depende únicamente de algoritmos y capacidad informática. También depende de decisiones sobre propiedad intelectual, transparencia, consentimiento y remuneración. La pregunta que queda abierta es si la innovación puede considerarse responsable cuando se construye sobre obras culturales utilizadas sin autorización explícita.

Fuente principal: The Washington Post, “The quest to ‘destructively scan’ all the world’s books”. https://www.washingtonpost.com/podcasts/post-reports/the-quest-to-destructively-scan-all-the-worlds-books/)

Lectura relacionada: WIRED en español, “Cómo Anthropic destruyó millones de libros de papel para que Claude aprendiera a escribir”. [es.wired](https://es.wired.com/articulos/como-anthropic-destruyo-millones-de-libros-de-papel-para-que-claude-aprendiera-a-escribir)

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